Tercero y último de una serie de relatos de ciencia-ficción, escrito el 9 de Junio de 2011.
Ashirya permanece sola, sin más compañía que los vientos de tormenta en cientos de kilómetros a la redonda.
Y baila.
Su cuerpo menudo danza al compás de las turbulentas corrientes de aire que hacen restallar sus níveos cabellos como los nudos de un látigo esgrimido con violencia.
Alza los brazos con vestal majestuosidad hacia los cielos embravecidos, las delicadas manos juegan con las tormentas desatadas que, sin llegar a rozar su etérea figura, liberan su ácida carga sobre la tierra devastada.
